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"Ach,
aber wir tun es ungern!", sagten die
Hofdamen. "Das ist Geschwätz",
sagte die Prinzessin, wenn ich ihn küssen
kann, dann könnt ihr es auch; bedenkt,
ich gebe euch Kost und Lohn!"
Da mußten die Hofdamen wieder zu ihm
hineingehen. "Hundert Küsse von
der Prinzessin", sagte er, "oder
jeder behält das Seine!"
"Stellt euch davor!", sagte sie
dann, und da stellten sich alle Hofdamen
davor, und nun küßte er.
"Was mag das wohl für ein Auflauf
beim Schweinestall sein?", fragte der
Kaiser, der auf den Balkon hinausgetreten
war. Er rieb sich die Augen und setzte die
Brille auf. "Das sind ja die Hofdamen,
die da ihr Wesen treiben; ich werde wohl
zu ihnen hinuntergehen müssen!"
Potztausend, wie er sich sputete! Sobald
er in den Hof hinunterkam, ging er ganz
leise, und die Hofdamen hatten so viel damit
zu tun, die Küsse zu zählen, damit
es ehrlich zugehen möge, daß
sie den Kaiser gar nicht bemerkten. Er erhob
sich hoch auf den Zehen.
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-¡Oh,
señora, nos dará mucha vergüenza!
-manifestaron ellas. -¡Qué cháchara!
-replicó la princesa-. Si yo lo beso,
también pueden hacerlo vosotras. No
olvidéis que os mantengo y os pago-.
Y las damas no tuvieron más remedio
que resignarse. -Serán cien besos de
la princesa -replicó él- o cada
uno se queda con lo suyo.
-Poneos delante de mí -ordenó
ella; y, una vez situadas las damas convenientemente,
el príncipe empezó a besarla.
-¿Qué alboroto hay en la pocilga?
-preguntó el emperador, que acababa
de asomarse al balcón. Y, frotándose
los ojos, se caló los lentes-. Las
damas de la Corte que están haciendo
de las suyas; bajaré a ver qué
pasa.
¡Demonios, como se apresuró!
Al llegar al patio se adelantó callandito,
callandito; por lo demás, las damas
estaban absorbidas contando los besos, para
que no hubiese engaño, y no se dieron
cuenta de la presencia del emperador, el cual
se levantó de puntillas. |