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Esta escena comienza con el muy famoso monólogo del Fausto
en el cual cuenta toda su miseria. Ha estudiado muchas
cosas, es un personaje reconocido y respetado por su sabiduría,
pero en el fondo sabe que no sabe nada, que su trabajo
de profesor es un engaño, porque de hecho no cuenta nada
realmente importante a sus alumnos. Su sabiduría le sirve
solamente para ver que los otros saben menos que él todavía.
No teme nada, ni el infierno, ni el diablo, pero tan desilusionado
de todo, tampoco puede disfrutar la vida. En su desesperación
hace uso de la magia para llamar a un espíritu y efectivamente
logra llamar uno. Pero esta aparición, en vez de aliviar
su situación, la agrava, porque el Fausto no soporta dicha
aparición, coge miedo y el espíritu desaparece de manera
que el espíritu no solo no permitió al Fausto traspasar
sus limitaciones, sino que le hizo otra vez sentir sus
límites. En está situación agitada aparece Wagner. El
Wagner es el típico pequeño burgués, lo suficientemente
tonto para ser feliz. Desde un punto de vista sociológico
es una persona interesante - y realmente se ha escrito cualquier
cantidad de estudios científicos sobre este tipo de persona-.
Se interesa por todo, porque en el fondo no se interesa
por nada, se alegra de todo porque desconoce una verdadera
pasión, se cree feliz, porque ni siquiera sabe lo que es
la felicidad, no anhela nada extraordinario, porque carece
de la fantasía para anhelar algo extraordinario, nunca
está inquieto, porque le falta la sensibilidad para sentir
las contradicciones existentes. Es un hombre vaca y al
igual que una vaca no conoce ni la depresión ni la alegría.
El mundo en que vive dista tanto del mundo en que vive
el Fausto que su diálogo parece una discusión de sordos.
Vamos a ver un ejemplo.
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FAUST: |
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FAUSTO: |
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Habe nun, ach!
Philosophie,
Juristerei und Medizin,
Und leider auch Theologie
Durchaus studiert, mit heißem Bemühn.
Da steh ich nun, ich armer Tor!
Und bin so klug als wie zuvor;
Heiße Magister, heiße Doktor gar
Und ziehe schon an die zehen Jahr
Herauf, herab und quer und krumm
Meine Schüler an der Nase herum-
Und sehe, daß wir nichts wissen können!
Das will mir schier das Herz verbrennen.
Zwar bin ich gescheiter als all die Laffen,
Doktoren, Magister, Schreiber und Pfaffen;
Mich plagen keine Skrupel noch Zweifel,
Fürchte mich weder vor Hölle noch Teufel-
Dafür ist mir auch alle Freud entrissen,
Bilde mir nicht ein, was Rechts zu wissen,
Bilde mir nicht ein, ich könnte was lehren,
Die Menschen zu bessern und zu bekehren.
Auch hab ich weder Gut noch Geld,
Noch Ehr und Herrlichkeit der Welt;
Es möchte kein Hund so länger leben!
Drum hab ich mich der Magie ergeben,
Ob mir durch Geistes Kraft und Mund
Nicht manch Geheimnis würde kund;
Daß ich nicht mehr mit saurem Schweiß
Zu sagen brauche, was ich nicht weiß;
Daß ich erkenne, was die Welt
Im Innersten zusammenhält,
Schau alle Wirkenskraft und Samen,
Und tu nicht mehr in Worten kramen.
O sähst du, voller Mondenschein,
Zum letzenmal auf meine Pein,
Den ich so manche Mitternacht
An diesem Pult herangewacht:
Dann über Büchern und Papier,
Trübsel'ger Freund, erschienst du mir!
Ach! könnt ich doch auf Bergeshöhn
In deinem lieben Lichte gehn,
Um Bergeshöhle mit Geistern schweben,
Auf Wiesen in deinem Dämmer weben,
Von allem Wissensqualm entladen,
In deinem Tau gesund mich baden!
Weh! steck ich in dem Kerker noch?
Verfluchtes dumpfes Mauerloch,
Wo selbst das liebe Himmelslicht
Trüb durch gemalte Scheiben bricht!
Beschränkt mit diesem Bücherhauf,
den Würme nagen, Staub bedeckt,
Den bis ans hohe Gewölb hinauf
Ein angeraucht Papier umsteckt;
Mit Gläsern, Büchsen rings umstellt,
Mit Instrumenten vollgepfropft,
Urväter Hausrat drein gestopft-
Das ist deine Welt! das heißt eine Welt!
Und fragst du noch, warum dein Herz
Sich bang in deinem Busen klemmt?
Warum ein unerklärter Schmerz
Dir alle Lebensregung hemmt?
Statt der lebendigen Natur,
Da Gott die Menschen schuf hinein,
Umgibt in Rauch und Moder nur
Dich Tiergeripp und Totenbein.
Flieh! auf! hinaus ins weite Land! |
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Ay, he estudiado
ya filosofía,
jurisprudencia y medicina
y también, por desgracia, teología,
todo ello en profundidad extrema y con enconado
esfuerzo.
Y aquí me veo, pobre loco,
sin saber más que al principio.
Tengo los títulos de licenciado y de doctor
y hará diez años que arrastro mis discípulos
de arriba abajo,
en dirección recta o curva,
y veo que no sabemos nada.
Esto consume mi corazón.
Claro está que soy más sabio que todos esos necios
doctores, licenciados, escribanos y frailes;
no me atormentan ni los escrúpulos ni las
dudas,
ni temo al infierno ni al demonio.
Pero me he visto privado de toda alegría;
no creo saber nada con sentido
ni me jacto de poder enseñar
algo que mejore la vida de los hombres
y cambie su rumbo.
Tampoco tengo bienes ni dinero,
ni honor, ni distinciones ante el mundo.
Ni siquiera un perro querría seguir viviendo
en estas circunstancias.
Por eso me he entregado a la magia:
para ver si por la fuerza y la palabra del
espíritu
me son revelados ciertos misterios;
para no tener que decir con agrio sudor
lo que no sé; para conseguir reconocerlo
que el mundo contiene en su interior;
para contemplar toda fuerza creativa
y todo germen y no volver a crear
confusión con las palabras.
Oh, reflejo de la luna llena,
por la que tantas veces velé sentado
ante este pupitre hasta que aparecías,
melancólico amigo, sobre los libros y los
papeles,
si iluminaras por última vez mi pena;
¡ay!, si pudiera andar por las cumbres
de los montes bajo tu amada claridad;
flotar en las grutas acompañado de espíritus;
vagar en tu penumbra por los prados y,
habiéndose disipado todas las brumas del saber,
bañarme, robusto, en tu rocío. ¡Ah!,
¿pero seguiré preso en esta cárcel?,
agujero maldito y húmedo,
hecho en un muro a través del cual
incluso la querida luz del cielo
entra turbia al pasar por las vidrieras.
Encerrado detrás de un montón de libros
roídos por los gusanos y cubiertos de polvo,
que llegan hasta las altas bóvedas
y están envueltos en papel ahumado.
Cercado por cofres y retortas,
aherrojado por instrumentos
y trastos de los antepasados.
Este es tu mundo, ¡vaya un mundo! ¿Y aún
te preguntas por qué tu corazón
se para, temeroso, en el pecho?
¿Por
qué un dolor inexplicable
inhibe tus impulsos vitales?
En lugar de la naturaleza viva,
en medio de la que Dios puso al hombre,
lo que te rodea son osamentas de animales
y esqueletos humanos humeantes y mohosos.
¡Huye!, sal fuera, a la amplia llanura. |
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Es el diálogo de sordos más completo que uno puede imaginarse.
Wagner teme no ser capaz de leer todos los libros antes de morir, el Fausto dice, que los libros no contienen
la verdad. A esto Wagner no responde porque ni siquiera
había entendido lo que el Fausto quería decir y le responde
que es un gran placer leer como habían vivido los hombres
en otras épocas y lo que había pensado otro hombre en
tiempos viejos. El Fausto le responde que es imposible
saber algo de historia porque los historiadores presentan
la historia como les conviene etc. Todos los diálogos
entre Wagner y el Fausto son diálogos de sordos. El escepticismo
radical del Fausto está tan lejos del mundo pequeño burgués
de Wagner que él ni siquiera se da cuenta que el Fausto
pone en duda todo en lo que él cree .
Después de que Wagner se ha ido, la crisis del Fausto
llega a su paroxismo y trata de suicidarse con veneno.
Lo impide en el último momento un coro de ángeles que
le recuerda su infancia, los momentos tranquilos y
dulces que ha vivido.
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FAUST: |
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FAUSTO: |
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Dies Lied verkündete der Jugend
muntre Spiele,
Der Frühlingsfeier freies Glück;
Erinnrung hält mich nun, mit kindlichem Gefühle,
Vom letzten, ernsten Schritt zurück.
O tönet fort, ihr süßen Himmelslieder!
Die Träne quillt, die Erde hat mich wieder!
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Esta canción me anunciaba animados juegos
juveniles
y de libre dicha en la primavera.
Hoy, el recuerdo, con sentimientos pueriles,
hace que retroceda ante el último y grave
paso. ¡Seguid sonando, cantos celestiales!
¡Las lágrimas caen, la tierra me recobra!
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