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Margarethe está otra vez en una iglesia, buscando
consuelo. Un espíritu le hace una moraleja convencional,
que ha perdido su candidez, que era un crimen
lo que hizo, que toda la deshonra se hará pública
etc., etc. La opinión de Goethe en cuanto se refiere
a está moraleja está claramente expresada, porque
este espíritu se llama espíritu malicioso.
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