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     ContenidoFaustIV.19 Marthens Garten (Jardín de Marta)

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Ejercicio: Faust

  IV.19 Marthens Garten (Jardín de Marta)

En esta escena la tragedia llega a su clímax. Después de un diálogo que revela de nuevo las discrepancias entre la religiosidad cándida de Margarethe y el escepticismo de Fausto, ella está dispuesta a dar un somnífero a su madre para que Fausto pueda visitarla de noche. Siendo las condiciones sociales tales como son, tanto el Fausto como Mefistófeles saben que esto llevará a la catástrofe. Aunque Mefistófeles se ríe abiertamente de él y le pone su situación claramente delante de los ojos, Fausto no es capaz de resistirse. En vista de la tragedia que se acerca y que se podría evitar, Mefistófeles se burla también de la víctima de esta tragedia convirtiéndose de esta manera en lo que realmente es: Satanás, la personificación del mal. Después de Hanna Arendt se habla mucho "de la banalidad del mal", expresando así el mecanismo infernal de una sociedad cuyos miembros funcionan como ruedas dentadas, sin emociones propias, sin personalidad propia, lo que permite integrarles en cualquier sistema y siempre funcionan. Con este tipo de personas la normalidad puede convertirse en locura si funcionan dentro de una máquina loca. Mefistófeles pertenece al tipo de personas que con muchos sofismos se burla de todo para justificar su propia falta de personalidad. Si todo está nivelado es más fácil funcionar como una rueda dentada. Fausto comete el mismo crimen pero no es una persona neutralizada y por esto, Mefistófeles pierde su apuesta. El haber cometido un crimen no le lleva al cinismo sino todo lo contrario, despierta de nuevo su personaje fuerte y pasa lo que Dios dijo al principio.


  DER HERR:   EL SEÑOR:
Nun gut, es sei dir überlassen!
Zieh diesen Geist von seinem Urquell ab,
Und führ ihn, kannst du ihn erfassen,
Auf deinem Wege mit herab,
Und steh beschämt, wenn du bekennen mußt:
Ein guter Mensch, in seinem dunklen Drange,

ist sich des rechten Weges wohl bewußt.
Bien, lo dejo a tu disposición.
Aparta a esa alma de su fuente originaria y,
si puedes aferrarla por tu camino,
llévala abajo, junto a ti.
Pero te avergonzará reconocer
que un hombre bueno,
incluso extraviado en la oscuridad,
es consciente del buen camino.
     
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