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Die Rosen
aus der Dachrinne blühten zum offenen
Fenster hinein, und da standen die kleinen
Kinderstühle, und Kay und Gerda setzten
sich ein jeder auf den seinigen und hielten
einander bei den Händen; die kalte,
leere Herrlichkeit bei der Schneekönigin
hatten sie gleich einem schweren Traum vergessen.
Die Großmutter saß in Gottes
hellem Sonnenschein und las laut aus der
Bibel: "Werdet ihr nicht wie die Kinder,
so werdet ihr das Reich Gottes nicht erben!"
Und Kay und Gerda sahen einander in die
Augen, und sie verstanden auf einmal den
alten Gesang:
Rosen, die blüh'n und verwehen;
Wir werden das Christkindlein sehen!
Da saßen sie beide, erwachsen und
doch Kinder, Kinder im Herzen; und es war
Sommer, warmer, wohltuender Sommer.
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Las
rosas del canalón florecían
entrando, por la abierta ventana, y a su
lado estaban aún sus sillitas de
niños, Carlos y Margarita se sentaron
cada cual en la suya, sin soltarse las manos.
Habían olvidado, como si hubiese
sido un sueño de pesadilla, la magnificencia
gélida y desierta del palacio de
la Reina de las Nieves. La abuelita, sentada
a la clara luz del sol de Dios, leía
la Biblia en voz alta:
«Si no se vuelven como los niños,
no entrarán en el reino de los cielos».
Carlos y Margarita se miraron a los ojos
y de pronto comprendieron la vieja canción:
Las rosas florecen y se marchitan.
Vamos a ver al Niño Jesús.
Y permanecieron sentados, mayores y, sin
embargo, niños, niños por
el corazón. Y llegó el verano,
el verano caluroso y bendito.
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