Und Gerda
küßte seine Wangen, und sie wurden
blühend; sie küßte seine
Augen, und sie leuchteten gleich den ihrigen;
sie küßte seine Hände und
Füße, und er war gesund und munter.
Die Schneekönigin mochte nun nach Hause
kommen; sein Freibrief stand da mit glänzenden
Eisstücken geschrieben.
Und sie faßten einander bei den Händen
und wanderten aus dem großen Schloß
hinaus. Sie sprachen von der Großmutter
und von den Rosen oben auf dem Dach; und
wo sie gingen, ruhten die Winde und die
Sonne brach hervor. Und als sie den Busch
mit den roten Beeren erreichten, stand das
Rentier da und wartete. Es hatte ein anderes
junges Rentier mit sich, dessen Euter voll
war; und dieses gab den Kleinen seine warme
Milch und küßte sie auf den Mund.
Dann trugen sie Kay und Gerda erst zur Finnin,
wo sie sich in der heißen Stube aufwärmten
und über die Heimreise Bescheid erhielten;
dann zur Lappin, welche ihnen neue Kleider
genäht und ihren Schlitten instand
gesetzt hatte.
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Margarita
lo besó en las mejillas, y éstas
cobraron color; lo besó en los ojos,
que se volvieron brillantes como los de
ella; lo besó en las manos y los
pies, y el niño quedó sano
y contento. Ya podía volver la Reina
de las Nieves; su carta de franquicia quedaba
escrita con relucientes témpanos
de hielo.
Cogidos de la mano, los niños salieron
del enorme palacio, hablando de la abuelita
y de las rosas del tejado; y dondequiera
que fuesen, al punto amainaba el viento
y salía el sol. Al llegar al arbusto
de las bayas rojas, vieron al reno que los
aguardaba, en compañía de
una hembra con las ubres llenas, que dio
a los niños su tibia leche y los
besó en la boca. Acto seguido condujeron
a Carlos y Margarita a la casa de la mujer
finesa, en cuya caldeada habitación
se reconfortaron, y la mujer les indicó
el camino de su patria. Hicieron también
escala en la choza de la lapona, que entretanto
había cosido vestidos para ellos
y reparado sus trineos.
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