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Aber er
saß ganz still, steif und kalt; da
weinte die kleine Gerda heiße Tränen,
die fielen auf seine Brust, sie drangen
in sein Herz, sie tauten den Eisklumpen
auf und verzehrten das kleine Spiegelstück
darin.
Er betrachtete sie, und sie sang:
Rosen, die blüh'n und verwehen;
Wir werden das Christkindlein sehen!
Da brach Kay in Tränen aus. Er weinte
so, daß das Spiegelsplitterchen aus
dem Auge schwamm, und nun erkannte er sie
und jubelte:
"Gerda! Liebe, kleine Gerda! Wo bist
du so lange gewesen? Und wo bin ich gewesen?"
Und er blickte rings um sich her.
"Wie kalt es hier ist! Wie es hier
weit und leer ist!"
Und er klammerte sich an Gerda an, und sie
lachte und weinte vor Freude. Das war so
herrlich, daß selbst die Eisstücke
vor Freude ringsherum tanzten, und als sie
müde waren und sich niederlegten, lagen
sie gerade in den Buchstaben, von denen
die Schneekönigin gesagt hatte, daß
er sie ausfindig machen sollte, dann wäre
er sein eigener Herr und sie wolle ihm die
ganze Welt und ein Paar neue Schlittschuhe
geben.
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Pero
él seguía inmóvil,
tieso y frío; y entonces Margarita
lloró lágrimas ardientes,
que cayeron sobre su pecho y penetraron
en su corazón, derritiendo el témpano
de hielo y destruyendo el trocito de espejo.
Él la miró, y la niña
se puso a cantar:
Rosas florecen y se marchitan.
Vamos a ver al Niño Jesús.
Entonces Carlos prorrumpió en lágrimas;
lloraba de tal modo, que el granito de espejo
le salió flotando del ojo. Reconoció
a la niña y gritó alborozado:
-¡Margarita, mi querida Margarita!
¿Dónde estuviste todo este
tiempo? ¿Y dónde he estado
yo?
Y miraba a su alrededor.
-¡Qué frío hace aquí!
¡Qué grande es esto y qué
desierto!
Y se agarraba a Margarita, que de alegría
reía y lloraba a la vez. El espectáculo
era tan conmovedor, que hasta los témpanos
se pusieron a bailar, y cuando se sintieron
cansados y se acostaron, lo hicieron formando
la palabra que, según la Reina de
las Nieves, podía hacerlo señor
de sí mismo y darle el mundo entero
y un par de patines además.
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