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Und mitten
auf dem See saß die Schneekönigin,
wenn sie zu Hause war, und dann sagte sie,
daß sie im Spiegel des Verstandes
säße und daß dieser der
einzige und der beste in der Welt sei.
Der kleine Kay war ganz blau vor Kälte,
ja fast schwarz; aber er merkte es nicht,
denn sie hatte ihm den Frostschauer abgeküßt,
und sein Herz glich einem Eisklumpen. Er
schleppte einige scharfe, flache Eisstücke
hin und her, die er auf alle mögliche
Weise aneinanderfügte, denn er wollte
damit etwas herausbringen. Es war gerade,
als wenn wir kleine Holztafeln haben und
diese in Figuren aneinanderlegen, was man
das chinesische Spiel nennt. Kay ging auch
und legte Figuren, und zwar die allerkunstvollsten.
Das war das Eisspiel des Verstandes. In
seinen Augen waren die Figuren ganz ausgezeichnet
und von der höchsten Wichtigkeit: das
machte das Glaskörnchen, welches ihm
im Auge saß! Er legte vollständige
Figuren, die ein geschriebenes Wort waren;
aber nie konnte er es dahin bringen, das
Wort zu legen, das er unbedingt haben wollte,
das Wort Ewigkeit.
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En medio
se sentaba la Reina de las Nieves cuando
residía en su palacio; decía
entonces que estaba sentada en el espejo
de la razón, y que éste era
el único y el mejor espejo del mundo.
Carlitos estaba amoratado de frío,
casi negro; pero no se daba cuenta, pues
ella lo había hecho besar por la
helada, y su corazón era como un
témpano de hielo. Se entretenía
arrastrando cortantes pedazos de hielo llanos
y juntándolos de todas las maneras
posibles para formar con ellos algo determinado.
Era como cuando nosotros combinamos piezas
de madera y reconstituimos figuras, lo que
llamamos un rompecabezas.
Carlito obtenía diseños extremadamente
ingeniosos; era el gran rompecabezas helado
de la inteligencia. Para él, aquellas
figuras eran perfectas y tenían grandísima
importancia; y todo por el granito de hielo
que tenía en el ojo. Combinaba figuras
que eran una palabra escrita, pero de ningún
modo lograba componer el único vocablo
que le interesaba: eternidad. |