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Nun erzählte
das Rentier zuerst seine Geschichte, dann
die der kleinen Gerda, und die Finnin blinzelte
mit den klugen Augen, sagte aber gar nichts.
"Du bist sehr klug", sagte das
Rentier,"ich weiß, du kannst
alle Winde der Welt in einen Zwirnsfaden
zusammenbinden. Wenn der Schiffer den einen
Knoten löst, so bekommt er guten Wind,
löst er den andern, dann weht es scharf,
und löst er den dritten und vierten,
dann stürmt es, daß die Wälder
umfallen. Willst du nicht dem kleinen Mädchen
einen Trank geben, daß sie Zwölf-Männer-Kraft
erhält und die Schneekönigin überwindet?"
"Zwölf-Männer-Kraft?",
sagte die Finnin. "Ja, das würde
viel helfen!" Und dann ging sie zu
einem Bett, nahm ein großes zusammengerolltes
Fell hervor und rollte es auf. Da waren
wunderbare Buchstaben darauf geschrieben,
und die Finnin las, daß ihr das Wasser
von der Stirn herunterlief.
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Entonces
el reno empezó a contar su historia
y después la de Margarita. La mujer
finesa se limitaba a pestañear, sin
decir una palabra.
-Eres muy lista -dijo el reno-. Sé
que puedes atar todos los vientos del mundo
con una hebra. Cuando el marino suelta uno
de los nudos, tiene viento favorable; si
suelta otro, el viento arrecia, y si deja
el tercero y el cuarto, entonces se levanta
una tempestad que derriba los árboles.
¿No querrías procurar a esta
niña un elixir que le dé la
fuerza de doce hombres y le permita dominar
a la Reina de las Nieves?
-¡La fuerza de doce hombres! -dijo
la finesa-. No creo que sirviera de gran
cosa. Y, dirigiéndose a un anaquel,
cogió una piel arrollada y la desenrolló.
Había escritas en ella unas letras
misteriosas, y la mujer se puso a leer con
tanto esfuerzo, que el sudor le manaba de
la frente.
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