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Und als
Gerda nun erwärmt worden war und zu
essen und zu trinken bekommen hatte, schrieb
die Lappin einige Worte auf einen trockenen
Stockfisch, bat Gerda, wohl darauf zu achten,
band sie wieder auf dem Rentier fest, und
dieses sprang davon. Fugt! Fugt! ging es
oben in der Luft; die ganze Nacht brannten
die schönsten blauen Nordlichter. Und
dann kamen sie nach Finnmarken und klopften
an den Schornstein der Finnin, denn sie
hatte nicht einmal eine Tür.
Da war eine solche Hitze drinnen, daß
die Finnin selbst fast völlig nackt
ging. Sie war klein und ganz schmutzig.
Sofort zog sie der kleinen Gerda die Fausthandschuhe
und Stiefel aus, denn sonst wäre es
ihr zu heiß geworden, legte dem Rentier
ein Stück Eis auf den Kopf und las
dann, was auf dem Stockfisch geschrieben
stand.
Sie las es dreimal, und dann wußte
sie es auswendig und steckte den Fisch in
den Suppenkessel, denn er konnte ja gegessen
werden, und sie verschwendete nie etwas.
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Y cuando
Margarita se hubo calentado y saciado el
hambre y la sed, la mujer escribió
unas palabras en un bacalao seco y, recomendando
a la niña que cuidase de no perderlo,
lo ató al reno, el cual reemprendió
la carrera. «¡P-ff! ¡P-ff!»,
seguía rechinando en el cielo; y
durante toda la noche lucieron magníficas
auroras boreales azules. Luego llegaron
a Finlandia, y llamaron a la chimenea de
la mujer finesa, ya que puerta no había.
La temperatura del interior era tan elevada,
que la misma finesa iba casi desnuda; era
menuda y en extremo sucia. Se apresuró
a quitar los vestidos a Margarita, así
como las manoplas y botas, ya que de otro
modo el calor se le habría hecho
insoportable; puso un pedazo de hielo sobre
la cabeza del reno y luego leyó las
líneas escritas en el bacalao. Las
leyó por tres veces, hasta que se
las hubo aprendido de memoria, y a continuación
echó el pescado en el caldero de
la sopa, pues era perfectamente comestible,
y aquella mujer nunca malgastaba nada.
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