| |
Nun hielt
die Kutsche still; sie waren mitten auf
dem Hof eines Räuberschlosses. Dasselbe
war von oben bis unten geborsten; Raben
und Krähen flogen aus den offenen Löchern,
und die großen Bullenbeißer,
von denen jeder aussah, als könnte
er einen Menschen verschlingen, sprangen
hoch empor aber sie bellten nicht, denn
es war verboten. In dem großen, alten,
verräucherten Saal brannte mitten auf
dem steinernen Fußboden ein helles
Feuer; der Rauch zog unter der Decke hin
und mußte sich selbst den Ausweg suchen;
ein großer Braukessel mit Suppe kochte,
und Hasen wie Kaninchen wurden an Spießen
gebraten. "Du sollst die Nacht mit
mir bei allen meinen kleinen Tieren schlafen",
sagte das Räubermädchen. Sie bekamen
zu essen und zu trinken und gingen dann
in eine Ecke, wo Stroh und Teppiche lagen.
Darüber saßen auf Latten und
Stäben mehr als hundert Tauben, die
alle zu schlafen schienen, sich aber doch
ein wenig drehten, als die beiden kleinen
Mädchen kamen.
|
|
El coche
se detuvo; estaban en el patio de un castillo
de bandoleros, todo él derruido de
arriba abajo. Cuervos y cornejas salían
volando de los grandes orificios, y enormes
perros de presa, cada uno de los cuales
parecía capaz de tragarse un hombre,
saltaban sin ladrar, pues les estaba prohibido.
En la espaciosa sala, vieja y ahumada, ardía
un gran fuego en el centro del suelo de
piedra; el humo se esparcía por debajo
del techo, buscando una salida. Cocía
un gran caldero de sopa, al mismo tiempo
que asaban liebres y conejos.
-Esta noche dormirás sola conmigo
y con mis animalitos -dijo la hija de los
bandidos.
Les dieron de comer y beber, y luego las
dos niñas se apartaron a un rincón
donde había paja y alfombras. Encima,
posadas en listones y varillas, había
un centenar de palomas, dormidas al parecer,
pero que se movieron un poco al acercarse
las chicas. |