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"Du
armes Kind!", sprach der Prinz und
die Prinzessin; und sie belobten die Krähen
und sagten, daß sie gar nicht böse
auf sie seien; aber sie sollten es doch
nicht öfters tun. Übrigens sollten
sie eine Belohnung erhalten. "Wollt
ihr frei fliegen?", fragte die Prinzessin.
"Oder wollt ihr feste Anstellung als
Hofkrähen haben, mit allem, was in
der Küche abfällt?" Und beide
Krähen verneigten sich und baten um
feste Anstellung, denn sie gedachten des
Alters und sagten:"Es wäre gar
schön, etwas für die alten Tage
zu haben", wie sie es nannten. Und
der Prinz stand aus seinem Bette auf und
ließ Gerda darin schlafen, doch mehr
konnte er nicht tun. Sie faltete ihre kleinen
Hände und dachte: "Wie gut sind
die Menschen und die Tiere!" Und dann
schloß sie ihre Augen und schlief
so sanft.
Alle Träume kamen wieder hereingeflogen,
und da sahen sie wie Gottes Engel aus, und
sie zogen einen kleinen Schlitten, auf welchem
Kay saß und nickte; aber das Ganze
war nur Traum, und deshalb war es auch wieder
fort, sobald sie erwachte.
Am folgenden Tag wurde sie von Kopf bis
Fuß in Seide und Samt gekleidet; es
wurde ihr angeboten, auf dem Schloß
zu bleiben und gute Tage zu genießen;
aber sie bat nur um einen kleinen Wagen
mit einem Pferd davor und um ein Paar kleine
Stiefel; dann wollte sie wieder in die weite
Welt hinausfahren und Kay suchen.
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¡Pobre
pequeña! -exclamaron los príncipes;
elogiaron a las cornejas y dijeron que no
estaban enfadados, aunque aquello no debía
repetirse. Por lo demás, recibirían
una recompensa. ¿Prefieren marcharse
libremente -preguntó la princesa-
o quedarse en palacio en calidad de cornejas
de Corte, con derecho a todos los desperdicios
de la cocina? Las dos cornejas se inclinaron
respetuosamente y manifestaron que optaban
por el empleo fijo, pues pensaban en la
vejez y en que sería muy agradable
contar con algo positivo para cuando aquélla
llegase. El príncipe se levantó
de la cama y la cedió a Margarita;
realmente no podía hacer más.
Ella juntó las manos, pensando: «¡Qué
buenas son las personas y los animales,
después de todo!», y cerrando
los ojos, se quedó dormida.
Acudieron de nuevo todos los sueños,
y creyó ver angelitos de Dios que
guiaban un trineo en el que viajaba Carlos,
el cual la saludaba con la cabeza. Pero
todo aquello fue un sueño, y se desvaneció
en el momento de despertarse.
Al día siguiente la vistieron de
seda y terciopelo de pies a cabeza. La invitaron
a quedarse en palacio, donde lo pasaría
muy bien; pero ella pidió sólo
un cochecito con un caballo y un par de
botitas, para seguir corriendo el mundo
en busca de Carlos. |