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Erst als
es spät am Abend war, kehrte die Krähe
wieder zurück. "Rar! Rar!",
sagte sie. "Ich soll dich vielmal von
ihr grüßen, und hier ist ein
kleines Brot für dich, daß nahm
sie aus der Küche; dort ist Brot genug,
und du bist sicher hungrig. Es ist nicht
möglich, daß du in das Schloß
hineinkommen kannst: du bist ja barfuß.
Die Gardisten in Silber und Lakaien in Gold
würden es nicht erlauben. Aber weine
nicht! Du sollst schon hinaufkommen. Meine
Geliebte kennt eine kleine Hintertreppe,
die zum Schlafgemach führt, und sie
weiß, wo sie den Schlüssel erhalten
kann." Und sie gingen in den Garten
hinein, in die große Allee, wo ein
Blatt nach dem anderen abfiel; und als auf
dem Schloß die Lichter ausgelöscht
wurden, das eine nach dem andern, führte
die Krähe die kleine Gerda zu einer
Hintertür, die nur angelehnt war. Oh,
wie Gerdas Herz vor Angst und Sehnsucht
pochte! Es war gerade, als ob sie etwas
Böses tun wollte; und sie wollte ja
doch nur wissen, ob es der kleine Kay sei.
Ja, er mußte es sein; sie gedachte
so lebendig seiner klugen Augen, seines
langen Haares; sie konnte ordentlich sehen,
wie er lächelte, wie damals, als sie
daheim unter den Rosen saßen.
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Cuando
regresó, anochecía ya.
-¡Rah! ¡rah! -gritó-.
Ella me ha encargado que te salude, y ahí
va un panecillo que sacó de la cocina.
Allí hay suficiente pan, y tú
debes de estar hambrienta. No es posible
que entres en el palacio; vas descalza;
los centinelas en uniforme de plata y los
criados en librea de oro no te lo permitirán.
Pero no llores, de un modo u otro te introducirás.
Mi novia conoce una escalerita trasera que
conduce al dormitorio, y sabe dónde
hacerse con las llaves.
Y se fueron al jardín, a la gran
avenida donde las hojas caían sin
parar; y cuando en el palacio se hubieron
apagado todas las luces una tras otra, la
corneja condujo a Margarita a una puerta
trasera que estaba entornada. ¡Oh,
cómo le palpitaba a la niña
el corazón, de angustia y de anhelo!
Le parecía como si fuera a cometer
una mala acción, y, sin embargo,
sólo quería saber si Carlos
estaba allí.
Que estaba, era casi seguro; y en su imaginación
veía sus ojos inteligentes, su largo
cabello; lo veía sonreír cómo
antes, cuando se reunían en casa
entre las rosas. |