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Hätte
ich sie nur gelernt!" "Tut gar
nichts!", sagte die Krähe. "Ich
werde erzählen, so gut ich kann; aber
schlecht wird es gehen", und dann erzählte
sie, was sie wußte.
"In diesem Königreich, in welchem
wir jetzt sitzen, wohnt eine Prinzessin,
die ist ganz unbändig klug; aber sie
hat auch alle Zeitungen, die es in der Welt
gibt, gelesen und wieder vergessen, so klug
ist sie. Neulich saß sie auf dem Thron,
und das ist doch nicht so angenehm, sagt
man; da fängt sie an, ein Lied zu singen,
und das war gerade dieses:"Weshalb
sollt' ich wohl heiraten!" "Höre,
da ist etwas daran", sagte sie, und
so wollte sie sich verheiraten; aber sie
wollte einen Mann haben, der zu antworten
verstehe, wenn man mit ihm spräche;
einen, der nicht bloß dastände
und vornehm aussähe, denn das sei zu
langweilig. Nun ließ sie alle Hofdamen
zusammentrommeln, und als diese hörten,
was sie wollte, wurden sie sehr vergnügt.
"Das mag ich leiden!", sagten
sie,"daran dachte ich neulich auch!"
- Du kannst glauben, daß jedes Wort,
was ich sage, wahr ist!", sagte die
Krähe. "Ich habe eine zahme Geliebte,
die geht frei im Schlosse umher, und die
hat mir alles erzählt!" Die Geliebte
war natürlicherweise auch eine Krähe.
Denn eine Krähe sucht die andere, und
es bleibt immer eine Krähe.
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¡Qué
lástima, que yo no la aprendiera! -No
importa -contestó la corneja-. Te lo
contaré lo mejor que sepa; claro que
resultará muy deficiente. Y le explicó
lo que sabía.
-En este reino en que nos encontramos, vive
una princesa de lo más inteligente;
tanto, que se ha leído todos los periódicos
del mundo, y los ha vuelto a olvidar. Ya ves
si es lista. Hace poco estaba sentada en el
trono -lo cual no es muy divertido, según
dicen-; el hecho es que se puso a canturriar
una canción que decía así:
«¿Y si me buscara un marido?».
«Oye, eso merece ser meditado»,
pensó, y tomó la resolución
de casarse. Pero quería un marido que
supiera responder cuando ella le hablara;
un marido que no se limitase a permanecer
plantado y lucir su distinción; esto
era muy aburrido. Convocó entonces
a todas las damas de la Corte, y cuando ellas
oyeron lo que la princesa deseaba, se pusieron
muy contentas. «¡Esto me gusta!
-exclamaron todas-; hace unos días
que yo pensaba también en lo mismo».
Te advierto que todo lo que digo es verdad
-observó la corneja-. Lo sé
por mi novia, que tiene libre entrada en palacio;
está domesticada. La novia era otra
corneja, claro está. Pues una corneja
busca siempre a una semejante y, naturalmente,
es siempre otra corneja. |