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     ContenidoCuentosHans Christian Andersen: La Reina de las Nieves

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  Seite 27: Die Schneekönigin (La Reina de las Nieves)

El texto alemán grabado en mp3 1441 KB!

deutscher Text Texto  español
 

"Darum kümmere ich mich gar nicht!", sagte Gerda. "Das brauchst du mir nicht zu erzählen"; und dann lief sie nach dem Ende des Gartens. Die Tür war verschlossen, aber sie drückte auf die verrostete Klinke, so daß diese abging; die Tür sprang auf, und die kleine Gerda lief barfüßig in die weite Welt hinaus. Sie blickte dreimal zurück, aber niemand war da, der sie verfolgte, zuletzt konnte sie nicht mehr laufen und setzte sich auf einen großen Stein; und als sie sich umsah, war es mit dem Sommer vorbei. Es war Spätherbst; das konnte man in dem schönen Garten gar nicht bemerken, wo immer Sonnenschein und Blumen aller Jahreszeiten waren.
"Gott, wie habe ich mich verspätet!", sagte die kleine Gerda. "Es ist ja Herbst geworden! Da darf ich nicht ruhen!" Und sie erhob sich, um zu gehen. Oh, wie waren ihre kleinen Füße wund und müde!
Ringsumher sah es kalt und rauh aus; die langen Weidenblätter waren ganz gelb, und der Tau tröpfelte als Wasser herab. Ein Blatt fiel nach dem andern ab; nur der Schlehdorn trug noch Früchte, die waren aber herbe und zogen ihr den Mund zusammen. Oh, wie war es grau und schwer in der weiten Welt!

 

-¡Y qué me importa eso a mí! -dijo Margarita-.
¿A qué viene esa historia? Y echó a correr hacia el extremo del jardín. La puerta estaba cerrada, pero ella forcejeó con el herrumbroso picaporte hasta descorrerlo; se abrió por fin, y la niña se lanzó al vasto mundo con los pies descalzos. Por tres veces se volvió a mirar, pero nadie la perseguía. Al fin, fatigadísima, se sentó sobre una gran piedra, y al dirigir la mirada a su alrededor se dio cuenta de que el verano había pasado y de que estaba ya muy avanzado el otoño, cosa que no había podido observar en el hermoso jardín, donde siempre brillaba el sol, y las flores crecían en todas las estaciones. -¡Dios mío, cómo me he retrasado! -dijo Margarita-. ¡Estamos ya en otoño; tengo que darme prisa!
Y se puso en pie para reemprender su camino. Pobres piececitos suyos, ¡qué despeados y cansados! A su alrededor todo parecía frío y desierto; las largas hojas de los sauces estaban amarillas, y el rocío se desprendía en grandes gotas. Caían las hojas unas tras otras; sólo el endrino tenía aún fruto, pero era áspero y contraía la boca. ¡Ay, qué gris y difícil parecía todo en el vasto mundo!


Vokabular  
  die verrostete Klinke = el picaporte herrumbroso
  barfuß, barfüßig = descalzo
  der Spätherbst = el otoño tardío
  sich verspäten = retrasarse
  wund = despeado
  das Weidenblatt = la hoja del sauce
  der Tau = el rocío
  der Schlehdorn = el endrino
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