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     ContenidoCuentosHans Christian Andersen: La Reina de las Nieves

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  Seite 25: Die Schneekönigin (La Reina de las Nieves)

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deutscher Text Texto  español
 

Die Rosen sind unten in der Erde gewesen, und die sagen nein!"
"Kling, klang!", läuten die Hyazinthen-Glocken. "Wir läuten nicht für den kleinen Kay, wir kennen ihn nicht; wir singen nur unser Lied, das einzige, welches wir kennen." Und Gerda ging zur Butterblume, die aus den glänzenden, grünen Blättern hervorschien.
"Du bist eine kleine helle Sonne!", sagte Gerda. "Sage mir, ob du weißt, wo ich meinen Gespielen finden kann?" Und die Butterblume glänzte so schön und sah wieder auf Gerda. Welches Lied konnte wohl die Butterblume singen? Es handelte auch nicht vom Kay. "In einem kleinen Hof schien die liebe Gottessonne am ersten Frühlingstage sehr warm; die Strahlen glitten an des Nachbarhauses weißen Wänden herab. Dicht dabei wuchs die erste gelbe Blume und glänzte golden in den warmen Sonnenstrahlen. Die alte Großmutter saß draußen in ihrem Stuhl. Die Enkelin, ein armes, schönes Dienstmädchen kehrte von einem kurzen Besuch heim. Sie küßte die Großmuter; es war Gold, Herzensgold in dem gesegneten Kuß.
Gold im Munde, Gold im Grunde, Gold in der Morgenstunde! Sieh, das ist meine kleine Geschichte!", sagte die Butterblume. "Meine arme, alte Großmutter!", seufzte Gerda. "Ja, sie sehnt sich gewiß nach mir und grämt sich um mich, ebenso wie sie es um den kleinen Kay tat. Aber ich komme bald wieder nach Hause, und dann bringe ich Kay mit.

 

Las rosas estuvieron debajo de la tierra y dicen que no.
-¡Cling, clang! -suenan los cálices de los jacintos-. No doblamos por Carlitos, no lo conocemos. Cantamos nuestra propia pena, la única que conocemos.
Y Margarita pasó al botón de oro, que asomaba por entre las verdes y brillantes hojas.
-¡Eres un solecito! -le dijo-. ¿Sabes dónde podría encontrar a mi campanero de juegos?
El botón de oro despedía un hermosísimo brillo y miraba a Margarita. ¿Qué canción sabría cantar? Tampoco se trataba de Carlos.
-El primer día de primavera, el sol del buen Dios lucía en una pequeña alquería, prodigando su benéfico calor; sus rayos se deslizaban por las blancas paredes de la casa vecina, junto a las cuales crecía la primera flor amarilla y brillaba como oro bajo los cálidos rayos del sol. La anciana abuela estaba fuera, sentada en su silla; la nieta, una pobre criada linda, acababa de llegar para una breve visita y besó a su abuela.
Había oro, oro puro del corazón en su beso.

Oro en la boca, oro en el alma, oro en aquella hora matinal. Ahí tienes mi cuento -concluyó el botón de oro. -¡Mi pobre, mi anciana abuelita! -suspiró Margarita-. Sin duda me echa de menos y está triste pensando en mí, como lo estaba pensando en Carlos. Pero volveré pronto a casa y lo llevaré conmigo.


Vokabular  
  die Butterblume = el botón de oro
  die Enkelin = la nieta
  die Morgenstunde = la hora matinal
  sich grämen = entristecerse
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