Werbung einblenden Werbung ausblenden
     ContenidoCuentosHans Christian Andersen: La Reina de las Nieves

volver

  Seite 22: Die Schneekönigin (La Reina de las Nieves)

El texto alemán grabado en mp3 1921 KB!

deutscher Text Texto  español
 

"Oh, wie bin ich aufgehalten worden!", sagte das kleine Mädchen. "Ich wollte ja den kleinen Kay suchen! Wißt ihr nicht, wo er ist?", fragte sie die Rosen. "Glaubt ihr, daß er tot ist?" "Tot ist er nicht", antworteten die Rosen. "Wir sind ja in der Erde gewesen; dort sind alle Toten, aber Kay war nicht da." "Ich danke euch", sagte die kleine Gerda und ging zu den anderen Blumen hin, sah in deren Kelche hinein und fragte:"Wißt ihr nicht, wo der kleine Kay ist?" Aber jede Blume stand in der Sonne und träumte ihr eigenes Märchen oder Geschichtchen; davon hörte Gerda so viele, viele; aber keine wußte etwas von Kay. Und was sagte die Feuerlilie? "Hörst du die Trommel: bum! bum! Es sind nur zwei Töne; immer: bum! bum! Höre der Frauen Trauergesang, höre den Ruf der Priester. In ihrem langen roten Mantel steht das Hindu-Weib auf dem Scheiterhaufen; die Flammen lodern um sie und ihren toten Mann empor; aber das Hindu-Weib denkt an den Lebenden hier im Kreise, an ihn, dessen Auge heißer denn die Flammen brennen, an ihn, dessen Augenfeuer ihr Herz stärker berührt als die Flammen, welche bald ihren Körper zu Asche verbrennen. Kann die Flamme des Scheiterhaufens ersterben?" "Das verstehe ich durchaus nicht", sagte die kleine Gerda. "Das ist mein Märchen!", sagte die Feuerlilie.

 

-¡Ay, cómo me he entretenido! -exclamó la niña-. Yo iba en busca de Carlos. ¿No sabéis dónde está? -preguntó a las rosas-. ¿Creéis que está está muerto? -Muerto no está -respondieron las rosas-. Nosotras hemos estado debajo de la tierra, donde moran todos los muertos, pero Carlos no estaba.
-Gracias -dijo Margarita, y, dirigiéndose a las otras flores, miró sus cálices y les preguntó-: ¿No sabéis dónde está Carlos? Pero todas las flores tomaban el sol, ensimismadas en sus propias historias. Margarita oyó muchísimas, pero ninguna decía nada de Carlos. ¿Qué decía, pues, el lirio rojo?
-Oyes el tambor: «¡Bum, bum!». Son sólo dos notas, siempre «¡bum! ¡bum!». Escucha el plañido de las mujeres. Escucha la llamada de los sacerdotes. Envuelta en su largo manto rojo, la mujer hindú está sobre la pira; las llamas la rodean, así como a su esposo muerto. Pero la mujer hindú piensa en el hombre vivo que está entre la multitud: en él, cuyos ojos son más ardientes que las llamas; en él, el ardor de cuyos ojos agita su corazón más que el fuego, que pronto reducirá su cuerpo a cenizas. ¿Puede la llama del corazón perecer en la llama de la hoguera? -No comprendo una palabra de lo que dices -exclamó Margarita. -Pues éste es mi cuento -replicó el lirio rojo.


Vokabular  
  der Kelch = el cáliz
  die Feuerlilie = el lirio rojo
  die Trommel = el tambor
  der Trauergesang = el plañido
  der Priester = el sacerdote
  der Scheiterhaufen = la pira
  zu Asche verbrennen = reducir a cenizas
volver