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"Oh,
wie bin ich aufgehalten worden!", sagte
das kleine Mädchen. "Ich wollte
ja den kleinen Kay suchen! Wißt ihr
nicht, wo er ist?", fragte sie die
Rosen. "Glaubt ihr, daß er tot
ist?" "Tot ist er nicht",
antworteten die Rosen. "Wir sind ja
in der Erde gewesen; dort sind alle Toten,
aber Kay war nicht da." "Ich danke
euch", sagte die kleine Gerda und ging
zu den anderen Blumen hin, sah in deren
Kelche hinein und fragte:"Wißt
ihr nicht, wo der kleine Kay ist?"
Aber jede Blume stand in der Sonne und träumte
ihr eigenes Märchen oder Geschichtchen;
davon hörte Gerda so viele, viele;
aber keine wußte etwas von Kay. Und
was sagte die Feuerlilie? "Hörst
du die Trommel: bum! bum! Es sind nur zwei
Töne; immer: bum! bum! Höre der
Frauen Trauergesang, höre den Ruf der
Priester. In ihrem langen roten Mantel steht
das Hindu-Weib auf dem Scheiterhaufen; die
Flammen lodern um sie und ihren toten Mann
empor; aber das Hindu-Weib denkt an den
Lebenden hier im Kreise, an ihn, dessen
Auge heißer denn die Flammen brennen,
an ihn, dessen Augenfeuer ihr Herz stärker
berührt als die Flammen, welche bald
ihren Körper zu Asche verbrennen. Kann
die Flamme des Scheiterhaufens ersterben?"
"Das verstehe ich durchaus nicht",
sagte die kleine Gerda. "Das ist mein
Märchen!", sagte die Feuerlilie.
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-¡Ay,
cómo me he entretenido! -exclamó
la niña-. Yo iba en busca de Carlos.
¿No sabéis dónde está?
-preguntó a las rosas-. ¿Creéis
que está está muerto? -Muerto
no está -respondieron las rosas-.
Nosotras hemos estado debajo de la tierra,
donde moran todos los muertos, pero Carlos
no estaba.
-Gracias -dijo Margarita, y, dirigiéndose
a las otras flores, miró sus cálices
y les preguntó-: ¿No sabéis
dónde está Carlos? Pero todas
las flores tomaban el sol, ensimismadas
en sus propias historias. Margarita oyó
muchísimas, pero ninguna decía
nada de Carlos. ¿Qué decía,
pues, el lirio rojo?
-Oyes el tambor: «¡Bum, bum!».
Son sólo dos notas, siempre «¡bum!
¡bum!». Escucha el plañido
de las mujeres. Escucha la llamada de los
sacerdotes. Envuelta en su largo manto rojo,
la mujer hindú está sobre
la pira; las llamas la rodean, así
como a su esposo muerto. Pero la mujer hindú
piensa en el hombre vivo que está
entre la multitud: en él, cuyos ojos
son más ardientes que las llamas;
en él, el ardor de cuyos ojos agita
su corazón más que el fuego,
que pronto reducirá su cuerpo a cenizas.
¿Puede la llama del corazón
perecer en la llama de la hoguera? -No comprendo
una palabra de lo que dices -exclamó
Margarita. -Pues éste es mi cuento
-replicó el lirio rojo. |