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Und Gerda
erzählte ihr alles; und die Alte schüttelte
den Kopf und sagte:"Hm! Hm!",
und als ihr Gerda alles gesagt und gefragt
hatte ob sie nicht den kleinen Kay gesehen
habe, sagte die Frau, daß er nicht
vorbeigekommen sei, aber er werde wohl noch
kommen. Sie solle nur nicht betrübt
sein, sondern ihre Kirschen kosten und ihre
Blumen betrachten; die seien schöner
als irgendein Bilderbuch; eine jede könne
eine Geschichte erzählen, und die alte
Frau schloß die Tür zu. Die Fenster
lagen sehr hoch, und die Scheiben waren
rot, blau und gelb; das Tageslicht schien
mit allen Farben gar sonderbar herein, aber
auf dem Tisch standen die schönsten
Kirschen, und Gerda aß davon, soviel
sie wollte, denn das war ihr erlaubt. Während
sie aß, kämmte die alte Frau
ihr Haar mit einem goldenen Kamm, und das
Haar ringelte sich und glänzte herrlich
golden rings um das kleine freundliche Antlitz,
welches so rund war und wie eine Rose aussah.
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Margarita
se lo explicó todo, mientras la mujer
no cesaba de menear la cabeza diciendo:
«¡Hm, hm!». Y cuando la
niña hubo terminado y preguntado
a la vieja si por casualidad había
visto a Carlitos, respondió ésta
que no había pasado por allí,
pero que seguramente vendría. No
debía afligirse y sí, en cambio,
probar las cerezas, y contemplar sus flores,
que eran más hermosas que todos los
libros de dibujos, y además cada
una sabía un cuento. Y la vieja cerró
la puerta. Las ventanas eran muy altas,
y los cristales eran rojo, azul y amarillo,
por lo que la luz del día resultaba
muy extraña. Sobre la mesa había
un plato de exquisitas cerezas, y Margarita
comió todas las que le vinieron en
gana, con permiso de la dueña. Mientras
comía, la vieja la peinaba con un
peine de oro, y el pelo se le iba ensortijando
y formando un precioso marco dorado para
su carita cariñosa, redonda y rosada.
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