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Gerda rief
nach ihnen; sie glaubte, daß sie lebendig
seien; aber sie antworteten natürlich
nicht. Sie kam ihnen ganz nahe, denn der
Fluß trieb das Boot gerade auf das
Land zu. Gerda rief noch lauter, und da
kam eine alte, alte Frau aus dem Hause,
die sich auf einen Krückstock stützte;
sie hatte einen großen Sonnenhut auf,
und der war mit den schönsten Blumen
bemalt. "Du armes, kleines Kind!",
sagte die alte Frau,"wie bist du doch
auf den großen, reißenden Strom
gekommen und weit in die Welt hinausgetrieben!"
Und dann ging die alte Frau ganz in das
Wasser hinein, erfaßte mit ihrem Krückstock
das Boot, zog es an das Land und hob die
kleine Gerda heraus. Und Gerda war froh,
wieder auf das Trockene zu gelangen, obgleich
sie sich vor der fremden alten Frau ein
wenig fürchtete. "Komm doch und
erzähle mir, wer du bist und wie du
hierher kommst!", sagte sie.
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Margarita
los llamó, creyendo que eran de verdad;
pero como es natural, no respondieron; se
acercó mucho a ellos, pues el río
impelía el bote hacia la orilla.
Margarita volvió a llamar más
fuerte, y entonces salió de la casa
una mujer muy vieja, muy vieja, que se apoyaba
en una muletilla; llevaba, para protegerse
del sol, un gran sombrero pintado de bellísimas
flores. -¡Pobre pequeña! -dijo
la vieja mujer-. ¿Cómo viniste
a parar a este río caudaloso y rápido
que te ha arrastrado tan lejos?
Y, entrando en el agua, la mujer sujetó
el bote con su muletilla, tiró de
él hacia tierra y ayudó a
Margarita a desembarcar.
Se alegró la niña de volver
a pisar tierra firme, aunque la vieja no
dejaba de inspirarle cierto temor.
-Ven y cuéntame quién eres
y cómo has venido a parar aquí
-dijo la mujer. |