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Kay sah
sie an; sie war so schön; ein klügeres,
lieblicheres Antlitz konnte er sich nicht
denken. Nun erschien sie ihm nicht von Eis
wie damals, als sie draußen vor dem
Fenster saß und ihm winkte; in seinen
Augen war sie vollkommen; er fühlte
gar keine Furcht. Er erzählte ihr,
daß er kopfrechnen könne, und
zwar mit Brüchen; er wisse des Landes
Quadratmeilen und die Einwohnerzahl; sie
lächelte immer. Da kam es ihm vor,
als sei es doch nicht genug, was er wisse;
und er blickte hinauf in den großen
Luftraum; und sie flog mit ihm, flog hoch
hinauf auf die schwarze Wolke, und der Sturm
sauste und brauste; es war, als sänge
er alte Lieder. Sie flogen über Wälder
und Seen, über Meere und Länder;
unter ihnen sauste der kalte Wind, die Wölfe
heulten, der Schnee knisterte; über
demselben flogen die schwarzen, schreienden
Krähen dahin; aber hoch oben schien
der Mond so groß und klar, und dort
betrachtete Kay die lange, lange Winternacht.
Am Tage schlief er zu den Füßen
der Schneekönigin. |
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Carlos la
miró; era muy hermosa; no habría
podido imaginar un rostro más inteligente
y atractivo. Ya no le parecía de hielo,
como antes, cuando le había estado
haciendo señas a través de la
ventana. A los ojos del niño era perfecta,
y no le inspiraba temor alguno. Le contó
que sabía hacer cálculo mental,
hasta con quebrados; que sabía cuántas
millas cuadradas y cuántos habitantes
tenía el país. Ella lo escuchaba
sonriendo, y Carlos empezó a pensar
que tal vez no sabía aún bastante.
Y levantó los ojos al firmamento, y
ella emprendió el vuelo con él,
hacia la negra nube, entre el estrépito
de la tempestad; era como si cantara antiguas
canciónes. Pasaron volando por encima
de bosques y lagos, de mares y países;
debajo de ellos aullaban el gélido
viento y los lobos, y centelleaba la nieve;
y encima volaban las negras y ruidosas cornejas;
pero en lo más alto del cielo brillaba,
grande y blanca, la luna, y Carlos estuvo
contemplando la larga, larga noche de invierno.
Durante el día durmió a los
pies de la Reina de las Nieves. |