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"Wir
sind gut gefahren!", sagte sie. "Aber
wer wird frieren! Krieche in meinen Bärenpelz!"
Und sie setzte ihn neben sich in den Schlitten
und schlug den Pelz um ihn; es war, als
versinke er in einem Schneetreiben. "Friert
dich noch?", fragte sie, und dann küßte
sie ihn auf die Stirn. Oh! das war kälter
als Eis; das ging ihm gerade hinein bis
ins Herz, welches ja doch zur Hälfte
ein Eisklumpen war. Es war, als sollte er
sterben; aber nur einen Augenblick, dann
tat es ihm recht wohl; er spürte nichts
mehr von der Kälte ringsumher. "Meinen
Schlitten! Vergiß nicht meinen Schlitten!"
Daran dachte er zuerst, und der wurde an
eins der weißen Hühnchen festgebunden,
und dieses flog hinterher mit dem Schlitten
auf dem Rücken. Die Schneekönigin
küßte Kay nochmals, und da hatte
er die kleine Gerda, die Großmutter
und alle daheim vergessen. "Nun bekommst
du keine Küsse mehr!", sagte sie,
"denn sonst küßte ich dich
tot!"
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-Hemos
corrido mucho -dijo-, pero, ¡quién
pasará frío! Métete
en mi piel de oso. Prosiguió, y lo
sentó junto a ella en su trineo y
lo envolvió en la piel. A él
le pareció que se hundía en
una ventisca.
-¿Todavía tienes frío?
-le preguntóella, besándolo
en la frente. ¡Oh, sus labios eran
más fríos que el hielo, y
el beso se le entró en el corazón,
que ya de suyo estaba medio helado! Tuvo
la sensación de que iba a morir,
pero no duró más que un instante;
luego se sintió perfectamente, y
dejó de notar el frío.
«¡Mi trineo! ¡No olvides
mi trineo!», pensó él
de pronto; pero estaba atado a una de las
gallinas blancas, la cual echo a volar detrás
de ellos con el trineo a la espalda. La
Reina de las Nieves dio otro beso a Carlos,
y Margarita, la abuela y todos los demás
se borraron de su memoria.
-No te volveré a besar -dijo ella-,
pues de lo contrario te mataría.
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