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Da begann
der Schnee so hernieder zu fallen, daß
der kleine Knabe keine Hand vor sich erblicken
konnte; aber er fuhr weiter. Nun ließ
er schnell die Schnur fahren, um von dem
großen Schlitten loszukommen, aber
das half nichts, sein kleines Fuhrwerk hing
fest, und es ging mit Windeseile vorwärts.
Da rief er ganz laut, aber niemand hörte
ihn, und der Schnee stob, und der Schlitten
flog von dannen; mitunter gab es einen Sprung;
es war, als führe er über Gräben
und Hecken. Der Knabe war ganz erschrocken;
er wollte sein Vaterunser beten, aber er
konnte sich nur des großen Einmaleins
entsinnen. Die Schneeflocken wurden größer
und größer; zuletzt sahen sie
aus wie große weiße Hühner.
Auf einmal sprangen sie zur Seite; der große
Schlitten hielt, und die Person, die in
ihm fuhr, erhob sich; der Pelz und die Mütze
waren ganz und gar von Schnee; es war eine
Dame, hoch und schlank, glänzend weiß;
es war die Schneekönigin.
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Y la nieve
empezó a caer tan copiosamente, que
el chiquillo no veía siquiera la mano
cuando se la ponía delante de los ojos;
pero la carrera continuaba. Él soltó
rápidamente la cuerda para desatarse
del trineo grande pero de nada le sirvió;
su pequeño vehículo seguía
sujeto, y corrían con la rapidez del
viento. Se puso a gritar, pero nadie lo oyó;
continuaba nevando intensamente, y el trineo
volaba, pegando de vez en cuando violentos
saltos, como si salvase fosos y setos. Carlos
estaba aterrorizado; quería rezar el
Padrenuestro, pero sólo acudía
a su memoria la tabla de multiplicar. Los
copos de nieve eran cada vez mayores, hasta
que, al fin, parecían grandes gallinas
blancas. De repente dieron un salto a un lado,
el trineo se detuvo, y la persona que lo conducía
se se puso en pie. La piel y el gorro eran
de pura nieve, y ante los ojos del chiquillo
se presentó una señora alta
y esbelta, de un blanco resplandeciente. Era
la Reina de las Nieves. |