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Erste
Geschichte,
welche von dem Spiegel und den Scherben
handelt
Seht, nun fangen wir an. Wenn wir am Ende
der Geschichte sind, wissen wir mehr als
jetzt, denn es war ein böser Kobold!
Es war einer der allerärgsten, es war
der Teufel! Eines Tages war er recht bei
Laune, denn er hatte einen Spiegel gemacht,
welcher die Eigenschaft besaß, daß
alles Gute und Schöne, was sich darin
spiegelte, fast zu Nichts zusammenschwand,
aber das, was nichts taugte und sich schlecht
ausnahm, hervortrat und noch ärger
wurde. Die herrlichsten Landschaften sahen
wie gekochter Spinat darin aus, und die
besten Menschen wurden widerlich und standen
auf dem Kopfe ohne Rumpf, die Gesichter
wurden so verdreht, daß sie nicht
zu erkennen waren, und hatte man einen Sonnenfleck,
so konnte man überzeugt sein, daß
er sich über Nase und Mund verbreitete.
Das sei äußerst belustigend,
sagte der Teufel. Fuhr nun ein guter frommer
Gedanke durch einen Menschen, dann zeigte
sich ein Grinsen im Spiegel, so daß
der Teufel über seine künstliche
Erfindung lachen mußte. |
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Primera
historia
que trata del espejo y del trozo de espejo
Atención, que vamos a empezar. Cuando
hayamos llegado al final de esta parte sabremos
más que ahora; pues esta historia
trata de un duende perverso, uno de los
peores, ¡como que era el diablo en
persona! Un día estaba de muy buen
humor, pues había construido un espejo
dotado de una curiosa propiedad: todo lo
bueno y lo bello que en él se reflejaba
se encogía hasta casi desaparecer,
mientras que lo que no valía nada
y que tenía mal aspecto destacaba
y aún se intensificaba. Los paisajes
más hermosos aparecían en
él como espinacas hervidas, y las
personas más virtuosas resultaban
repugnantes o se veían en posición
invertida, sin tronco y con las caras tan
contorsionadas, que era imposible reconocerlas;
y si uno tenía una peca, podía
tener la certeza de que se le extendería
por la boca y la nariz. Era muy divertido,
decía el diablo. Si un pensamiento
bueno y piadoso pasaba por la mente de una
persona, en el espejo se reflejaba una risa
sardónica, y el diablo se retorcía
de puro regocijo por su ingeniosa invención.
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