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»Ja,
ich habe mit einem Regenwurm aus meinem
Bekanntenkreise gesprochen«, sagte
die dritte Eidechse, »der Regenwurm
kam gerade aus dem Hügel heraus, wo
er Tag und Nacht in der Erde gewühlt
hatte. Der hatte allerlei gehört, sehen
kann es ja nicht, das arme Tier, aber vorfühlen
und nachhören, das versteht er. Sie
erwarten Besuch im Elfenhügel, vornehmen
Besuch, aber wen, das wollte der Regenwurm
nicht sagen, oder er wußte es vielleicht
selbst nicht. Alle Irrlichter sind zu einem
Fackelzug, wie man es nennt, befohlen, und
das Silber und Gold, wovon es genug im Hügel
gibt, wird poliert und in den Mondschein
hinausgestellt!« »Wer mögen
nur die Fremden sein?«, sagten alle
Eidechsen. »Was mag nur los sein?
Hört, wie es summt! Hört, wie
es brummt!«
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-Sí
-intervino un tercer lagarto-. He hecho amistad
con una lombriz de tierra que venía
de la colina, en la cual había estado
removiendo la tierra día y noche. Oyó
muchas cosas. Ver no puede, la infeliz, pero
lo que es palpar y oír, en esto se
pinta sola. Resulta que en el cerro esperan
visita, forasteros distinguidos, pero, quiénes
son éstos, la lombriz se negó
a decírmelo, acaso ella misma no lo
sabe. Han encargado a los fuegos fatuos que
organicen un desfile de antorchas, como dicen
ellos, y todo el oro y la plata que hay en
el cerro -y no es poco- lo pulen y exponen
a la luz de la luna. -¿Quiénes
podrán ser esos forasteros? -se preguntaban
los lagartos-. ¿Qué diablos
debe suceder? ¡Oíd, qué
manera de zumbar! |