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Sie zündete
ein neues an. Da saß die Kleine unter
dem herrlichsten Weihnachtsbaum; er war
noch größer und weit reicher
ausgeputzt als der, den sie am Heiligabend
bei dem reichen Kaufmann durch die Glastür
gesehen hatte. Tausende von Lichtern brannten
auf den grünen Zweigen, und bunte Bilder,
wie die, welche in den Ladenfenstern ausgestellt
werden, schauten auf sie hernieder, die
Kleine streckte beide Hände nach ihnen
in die Höhe - da erlosch das Schwefelholz.
Die vielen Weihnachtslichter stiegen höher
und höher, und sie sah jetzt erst,
daß es die hellen Sterne waren. Einer
von ihnen fiel herab und zog einen langen
Feuerstreifen über den Himmel. »Jetzt
stirbt jemand!« sagte die Kleine,
denn die alte Großmutter, die sie
allein freundlich behandelt hatte, jetzt
aber längst tot war, hatte gesagt:
»Wenn ein Stern fällt, steigt
eine Seele zu Gott empor!«
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Encendió
la niña una tercera cerilla, y se encontró
sentada debajo de un hermosísimo árbol
de Navidad. Era aún más alto
y más bonito que el que viera la última
Nochebuena, a través de la puerta de
cristales, en casa del rico comerciante. Miles
de velitas ardían en las ramas verdes,
y de éstas colgaban pintadas estampas,
semejantes a las que adornaban los escaparates.
La pequeña levantó ambas manos...
y entonces se apagó el fósforo.
Todas las lucecitas se remontaron a lo alto,
y ella se dio cuenta de que eran las rutilantes
estrellas del cielo. Una de ellas se desprendió
y trazó en el firmamento una larga
estela de fuego.
- Alguien se está muriendo -dijo la
pequeña, pues su abuela, la única
persona que la había querido, pero
que estaba muerta ya, le había dicho
-cuando una estrella cae, un alma se eleva
hacia Dios. |