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In einem
Winkel zwischen zwei Häusern, von denen
das eine etwas weiter in die Straße
vorsprang als das andere, kauerte es sich
nieder. Seine kleinen Beinchen hatte es
unter sich gezogen, aber es fror nur noch
mehr und wagte es trotzdem nicht, nach Hause
zu gehen, da es noch kein Schächtelchen
mit Streichhölzern verkauft, noch keinen
Heller erhalten hatte. Es hätte gewiß
vom Vater Schläge bekommen, und kalt
war es zu Hause ja auch; sie hatten das
bloße Dach gerade über sich,
und der Wind pfiff schneidend hinein, obgleich
Stroh und Lumpen in die größten
Ritzen gestopft waren. Ach, wie gut mußte
ein Schwefelhölzchen tun! Wenn es nur
wagen dürfte, eins aus dem Schächtelchen
herauszunehmen, es gegen die Wand zu streichen
und die Finger daran zu wärmen! Endlich
zog das Kind eins heraus. Ritsch! wie sprühte
es, wie brannte es.
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En un ángulo
que formaban dos casas -una más saliente
que la otra-, se sentó en el suelo
y se acurrucó. Encogía los piececitos
todo lo posible,
pero el frío la invadía, y,
por otra parte, no se atrevía a volver
a casa, ya que no había vendido ni
una cajita de fósforos, ni recibido
un triste céntimo.
Su padre le pegaría, además
de que en casa hacía frío también;
sólo los cobijaba el tejado, y el viento
entraba por todas partes, pese a la paja y
los trapos con que habían intentado
tapar las rendijas.
¡Ay, cuánto placer le causaría
calentarse con una cerillita! ¡Si se
atreviese a sacar uno solo del manojo, frotarlo
contra la pared y calentarse los dedos!
Por fin sacó uno.
¡Ritch!¡Cómo chispeó
y cómo quemaba! |