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En el preludio en el teatro tenemos tres personas con
intereses muy distintos: El director de teatro, el poeta
y el personaje cómico. La discusión que llevan estos tres
es válida hasta nuestros días. Por una parte tenemos al director
de teatro, o sea un representante de Hollywood, que sobre
todo quiere y debe ganar dinero. Por otra parte, al poeta
que se niega a crear obras para el consumo de las masas
y el personaje cómico. Nadie niega que el poeta en el
fondo tiene razón, que todas estas películas tipo Titanic,
la guerra de Troya, Rambo, Matrix, etc. etc., etc. son en el
fondo siempre la misma cosa, cantidad de buenos y malos
que luchan en eternas batallas, pero su actitud rígida
que se niega a hacer compromisos es un poco estéril. El
personaje cómico ve las cosas con más humor: La gente
quiere divertirse, sea de manera idiota o no y si se logra
inculcarles algo nuevo, mejor.
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